Agroecología para la inclusión social

Reflexiones sobre Albalá

Escrito por Jose, voluntario de la huerta.

  • La vida es imparable. Se prepara un bancal, se siembra y alrededor, sin hacer nada, crece hierba en cada centímetro de tierra que quede libre. Es como una carrera por la vida.
  • La vida útil no acaba cuando te arrancan de la mata. Alguien te prepara con esmero en un delicioso plato y mas gente te degustará y te disfrutará comiendo y hasta te recordarán. Ahora pienso y conecto con el pasado de cada pieza cuando pelo un tomate, un pepino, o una zanahoria.
  • Existe una infinita variedad de colores, formas y tamaños. Además, todo es regado con la misma agua, pero creciendo de distinta manera y a distinto ritmo. Todos conviven en armonía dentro de la huerta, respetando cada uno a los demás, su espacio y su tiempo.
  • Aquellas hierbas que le restan nutrientes a la planta, las quitamos de la mata, las llevamos a otro lugar y las amontonamos. Aquello aparentemente acabado vuelve a dar vida cuando se mezcla con nuevas semillas en otra tierra. Es cuando te das cuenta que las cosas aparentemente inútiles e insignificantes tienen un enorme valor en el futuro.
  • El contacto con la tierra, me hace contactar con lo más autentico de mí mismo. Tocar la tierra con mis manos me conecta con el mundo.
  • Y lo más sorprendente de todo, es que apartamos algunas piezas para obtener sus semillas y plantar mas adelante, convirtiéndose en un ciclo infinito que empezó hace miles de años, cuando no estábamos aquí y seguirá sin nosotros cuando nos vayamos.
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