Agroecología para la inclusión social

Inicios en Navalafuente

Después de 8 meses en el huerto de Cabanillas de la Sierra,  del que tan buenos recuerdos guardamos, hemos aprendido suficiente para jugar en primera división.

Gracias a la generosidad de gente buena, dispuesta a prestar sus terrenos, empezamos una nueva etapa llena de retos en la huerta de Navalafuente, y en la que se decide el futuro de nuestra asociación, y con él, el futuro de tres personas ligadas laboralmente a este súper-proyecto.

Digo súper-proyecto no por que sea grandioso, ni vayamos a cambiar el mundo, solo vamos a poner un granito de arena para cambiar nuestro mundo, eso es súper.

Con esta idea hemos empezado a trabajar en el terreno de Navalafuente, llenos de ilusión y sabiendo lo dificil que es alcanzar la meta que tenemos. Aunque hay gente que se crece ante los retos

ahi-hoooo

ahi-hoooo

como  Mario, que despues de una dura mañana de trabajo, lleva la herramienta a su sitio. Si tuviera que ponerle banda sonora a esta foto creo que seria la de los enanitos volviendo a casa, «aihooooo aihooooo a casa a descansar……»

Memorable cuando Carlos dijo «no comáis tortilla, que está muy mala» y Mario respondió «pues ésta está muy buena».

Trabajar, trabajar y trabajar

Trabajar, trabajar y trabajar

Hubo trabajos de acondicionamiento, de preparación, de limpieza de la recolección del otro huerto. Aquí Almudena, Jaime y Miguel Angel en sus respectivas actividades.

La montaña interminable

La montaña interminable

Carlos y  Miguel se afanan en una tarea que al principio parecía imposible, aunque con tesón casi se llegó a acabar con esa montaña de tablas.

Haciendo un poco el gamberro

Haciendo un poco el gamberro

Si se necesitaba peso para presionar el compost sobraban voluntarias: Claudia, Katy y Andrea.

Artista

Todo un arte

Para esta otra labor parece que había menos demanda, Juan se pasó la mañana con su encantadora sonrisa tomando medidas y notas para poner el terreno en un dibujo. Esta imagen expresa con qué vehemencia nos tomamos el trabajo.

Haciendo auditoria

Haciendo auditoria

Las chicas, – Nuria, Ángela, Claudia, Katy y Andrea – «la alegría de la huerta», pero de verdad, pusieron a funcionar su imaginación y plantaron, limpiaron, y hasta hicieron un cartel para la entrada.

desgranando Judías

Desgranando judías

¿Habéis visto ratatouille? ¿Cuando el critico prueba la receta que le transporta a su niñez?  En mi niñez recuerdo que la palabra comadre no era peyorativa. Mi madre después de trabajar durante todo el día, cuando bajaba el sol, sacaba una silla fuera de la casa y se ponía a hacer ganchillo o a limpiar las lentejas del día siguiente (porque las lentejas llevaban piedrecillas y había que limpiarlas). Poco a poco iban llegando algunas vecinas  y se arrimaban con sus sillas a seguir con sus labores menos duras y a comadrear bromeando o contando historias de su juventud. Las más jóvenes, las que no tenían hijos preguntaban a las mayores cosas que entonces pensaba que nunca llegaría a entender, en un idioma muy críptico, de cosas muy extrañas. Probablemente hoy una de las pequeñas de nuestro huerto le hubiera explicado mejor aquellas preguntas.

Con ellas se juntaban también las adolescente y así se iba transmitiendo la sabiduría, el conocimiento, la cultura de aquellas mujeres pregoneras de su limpieza y talladas por el trabajo y por la propia vida.

Las únicas personas de genero masculino que podían entrar en ese circulo eran los niños muy pequeños.

Aunque de forma muy vaga esta foto me ha traído a la mente aquellos recuerdos. Angela, Andrea, Katy, Claudia, Almudena,  Pity  y Nuria comadreando en la huerta mientras limpian judías, en compañía de Turutu.

Navalafuente

Primera tortilla en Navalafuente

Después de una linda mañana de trabajo toca relajarse, detrás de la cámara: Gabo, siempre dispuesto, siempre entregado, hasta en estos pequeños detalles. Estando sus padres podía haberse hecho el despistado.

Susana, de pie -la tercera por la derecha- el alma máter de la asociación, el alma, el corazón, el músculo,… siempre dando un poco más , nunca es suficiente, siempre un poco más.

Sin cualquiera de ellos esto no tendría lugar. Aunque me han prohibido expresamente mencionarlos, como soy el webmaster, me arriesgo a que me despidan, ja, ja, ja…..

Guillermo y Claudia soplando en Navaluenga

Guillermo y Claudia soplan velas

Todavía quedaba tiempo para una sorpresa más: Claudia y Guillermo cumplían años y tuvieron su tarta. Ella pidió a sus padres celebrarlo con los compañeros de la asociación, en la huerta. Creo que sentí cierta envidia, en algún cumpleaños me hubiera gustado cumplir años en un entorno tan bucólico, rodeado de gente maravillosa. También me dio envidia ver el 22 de Guillermo.

En este huerto que siempre hemos presumido de libertad para expresar nuestras habilidades, fijaos cómo el pobre Mario es reprimido…, con lo bien que hubiera soplado él.

Juan, Claudía, Chanel, Angela ...

Juan, Claudía, Chanel, Angela …

Para redondear el día fuimos a dar de comer a Chanel, más de uno-a pasó un día inolvidable. Chanel y yo, por lo menos…. ¿Alguien se apunta para la próxima?

Albalá

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